Quien haya tenido la suerte de visitar la India sabe la importancia que tiene allí el ferrocarril. Las enormes distancias, el tamaño de la población y las condiciones económicas convierten al tren no ya en el medio de transporte de masas más utilizado, sino en un elemento vertebrador de lo que se suele denominar el subcontinente indio.
Es, sin duda alguna, una infraestructura estratégica para el país. Tanto, que a día de hoy todavía existe un Ministerio de Ferrocarriles.
En septiembre de 1956 descarriló un tren cerca de Mahbubnagar, en el sur de la India. Murieron 112 personas.
Era entonces ministro de Ferrocarriles Lal Bahadur Shastri. Shastri, por supuesto, no conducía el tren, no había revisado las vías, ni había dado ninguna orden que hubiese provocado el accidente. De hecho, la infraestructura ferroviaria era todavía una herencia de la etapa colonial. Aun así, presentó su dimisión al primer ministro, Jawaharlal Nehru.
Nehru la rechazó.
Tres meses después, en noviembre, se produjo otro terrible accidente. Un tren cayó a un río cerca de Ariyalur, en Tamil Nadu. Murieron más de cien personas.
Shastri volvió a presentar la dimisión, y esta vez Nehru la aceptó.
Ocho años después, a la muerte de Nehru, Shastri fue nombrado primer ministro de la India.

Culpa y responsabilidad
Shastri no tenía la culpa de los accidentes. Tenía la responsabilidad. La culpa es de quien comete un error. La responsabilidad es de quien tiene capacidad de decidir. Y quien está más arriba en una organización es responsable no solo de lo que hace él, sino de los actos de quienes tiene a su cargo.
Shastri asumió esa responsabilidad.
La pregunta incómoda
Si mañana comete un error alguien a quien pusiste tú en su puesto, ¿estás preparado para asumir la responsabilidad?