El 8 de septiembre de 2022, a las cuatro y media de la tarde, Liz Truss, que llevaba tan solo dos días como primera ministra del Reino Unido, se encontraba en Downing Street cuando recibió una llamada. La voz al otro lado del teléfono dijo simplemente: «London Bridge is down».
Con esa frase, decidida décadas antes, debía darse al primer ministro la noticia del fallecimiento de la reina Isabel II. La costumbre de las claves viene de 1952, cuando la muerte de Jorge VI se comunicó como «Hyde Park Corner» para que las telefonistas de palacio no se enterasen antes de tiempo.
A partir de la notificación a Downing Street, cada paso estaba meticulosamente definido y los responsables de todas las tareas, designados. Las banderas de los ministerios debían ondear a media asta en diez minutos. Los presentadores de la BBC tenían ropa negra preparada, y las emisoras de radio podían elegir entre dos listas de música: triste y muy triste. No se dejó ningún detalle al azar.
El plan de actuación en caso de fallecimiento de la reina empezó a prepararse en 1978, bajo la dirección de Miles Fitzalan-Howard, decimoséptimo duque de Norfolk. Es el título nobiliario más importante del Reino Unido fuera de la casa real, y desde 1672 lleva aparejado el oficio de Earl Marshal, responsable de organizar los funerales de Estado y las coronaciones.
La reina tenía en 1978 52 años y habría de vivir todavía 44 más.
London Bridge tenía previsto cualquier contratiempo, incluido el relevo del propio Earl Marshal. El duque trabajó en el plan más de veinte años y llegó a decir en una reunión que probablemente estaría muerto cuando hiciera falta. Efectivamente, falleció en 2002. Pero su hijo Edward llevaba años sentado a su lado en esas reuniones preparatorias. Heredó el cargo y, veinte años después, le tocó a él dirigir el funeral de la reina como Earl Marshal.
Los diez días siguientes dan idea de la magnitud de la operación. Unas 250.000 personas hicieron cola, algunas durante más de un día, para pasar ante el féretro. Al funeral de Estado asistieron 2.000 invitados, entre ellos casi un centenar de jefes de Estado y de Gobierno. Se desplegaron cerca de 6.000 militares y más de 10.000 policías.

La sucesión fue automática
Lo más importante de aquel día, la sucesión al frente de la corona británica, no dependía de nada de esto. Isabel II murió a las 15:10 y en ese mismo instante Carlos se convirtió en rey del Reino Unido, jefe de Estado de otros catorce países, jefe de las Fuerzas Armadas y gobernador supremo de la Iglesia de Inglaterra, de manera automática, sin necesidad de llevar a cabo ningún trámite. La noticia no se haría pública hasta las 18:30: durante tres horas y veinte minutos el país tuvo un rey nuevo sin saberlo. No hubo un solo minuto de vacío de poder.
¿Qué podemos aprender de esto?
Una empresa familiar también debería aspirar a su propio London Bridge: tener la sucesión prevista y planificada, de modo que el día que falte quien manda no haya un solo minuto de vacío. La monarquía británica lleva más de diez siglos pasando de una generación a la siguiente de forma prácticamente ininterrumpida. En España, según los datos del Registro Mercantil, solo el 13 % de las empresas familiares está en segunda generación y menos del 2 % ha llegado a la tercera.
Además, ocho de cada diez se gobiernan con un administrador único. Una única persona suele concentrar la propiedad, la administración y la gestión de la empresa. Si esa persona falta sin haber dejado un suplente ni poderes a nadie, no queda quien firme en nombre de la empresa hasta que los socios nombren a otro. Y si además era el socio mayoritario, ese nombramiento depende de una herencia que puede tardar meses.
No hace falta un Earl Marshal, basta con dejar resueltas cuatro cosas:
- Quién manda al día siguiente. Un administrador suplente, nombrado en junta, puede ocupar el cargo en cuanto falte el titular. La ley lo permite y casi nadie lo usa.
- Quién firma. Alguien más con poderes y con firma en los bancos.
- Quién vota. Un testamento que diga quién decide con tus participaciones mientras se reparte la herencia.
- Quién avisa a quién. Familia, equipo, bancos y clientes principales, por orden y con el mensaje pensado.
Escríbeme y te cuento cómo te puedo ayudar a dejar todo esto organizado.
La pregunta incómoda
Si mañana te murieses, ¿sabrían los demás lo que tienen que hacer para que la empresa no se pare?
O al revés: si mañana faltase tu padre o tu madre, ¿sabrías tú lo que tienes que hacer?
Si la respuesta es «más o menos», ha llegado el momento de anticiparse y dejarlo por escrito.
Si quieres contarme tu caso, escríbeme.