Hace unas semanas te conté la historia del Vesuvio: cómo Giuseppe Maddaloni traspasó al cumplir los setenta su pizzería en Gijón, y cómo su hijo Emanuele, que llevaba treinta y cinco años trabajando a su lado, no siguió al frente del negocio y abrió tres meses después su propio local en Cimadevilla, al que llamó Crettino. Puedes leer la historia completa aquí si te la perdiste.
Recordarás que yo no tenía claros los motivos que llevaron a Emanuele a emprender un nuevo proyecto, y especulaba con algunas posibilidades para ello.
El sábado pasado fui a cenar a Crettino con mi familia. Cenamos de maravilla. Al terminar me acerqué a saludar a Emanuele. No nos conocíamos. Me presenté, le dije que había escrito sobre la historia de su familia y le pregunté:
¿Quién es el Crettino?
Se lo pregunté tal cual. Me contestó con una sonrisa pícara:
El Crettino soy yo. Es un homenaje a mi padre, es una expresión que él utilizaba mucho. No tiene un significado tan fuerte como estúpido, es algo más cariñoso.
Buscaba además un nombre original, alejado de los más comunes para una pizzería, que suelen ser el nombre de alguna ciudad italiana o un nombre típico italiano. Así que no fue ni un reproche ni un ajuste de cuentas. Fue un homenaje a su padre.
Por qué no siguió
«Porque me estoy haciendo mayor», me dijo. En el Vesuvio llegaron a ser veinticinco empleados. En Crettino son ocho y cierra dos días por semana. Se perdió los primeros años de su hija por estar trabajando con su padre, y ahora puede pasar más tiempo con ella. Lleva casi cuatro años con el local y está contento.
Pero lo que realmente me hizo reflexionar fue el motivo que dio para abrir un nuevo negocio en lugar de seguir con el de su padre:
Me pareció más fácil empezar de nuevo que conseguir cambiar el Vesuvio, que ya llevaba muchos años funcionando de una determinada manera.
Lo que esto dice del relevo
La sucesión no es simplemente un asunto de decidir quién hereda la propiedad o quién se queda al frente de una empresa. En esta ocasión, la sucesión no se produjo no por una cuestión económica, ni por una lucha de poder, ni por diferencias entre padre e hijo. Aquí lo que frenó el relevo fue la imposibilidad que sintió el sucesor de transformar el negocio para adaptarlo a sus necesidades y preferencias. En Vesuvio las cosas llevaban treinta y cinco años haciéndose de una determinada manera. Cambiarlas le pareció a Emanuele más difícil que montar algo nuevo.
Al analizar una sucesión, valoramos si el candidato es el adecuado, si está preparado para ponerse al frente de la empresa. Pero también deberíamos plantearnos si la empresa está preparada para tener al frente al sucesor, si la empresa será capaz de adaptarse a los cambios que necesariamente trae consigo un nuevo liderazgo. La sucesión es una calle de doble sentido.
La pregunta incómoda
¿Será tu sucesor capaz de transformar la empresa que herede o tendrá que cambiar él para adaptarse a la empresa?
O también:
Si heredas una empresa, ¿serás capaz de transformarla o es mejor empezar de cero?
Crettino está cerrado por vacaciones hasta el 29 de octubre. Si pasas por Gijón a partir del 30, no dejes de ir.
